La brecha de precio entre coches eléctricos y de combustión apenas se ha cerrado en 5 años, según Quattroruote Professional
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La brecha de precio entre coches eléctricos y de combustión apenas se ha cerrado en 5 años, según Quattroruote Professional

Un estudio de Quattroruote Professional revela que la diferencia de precio entre vehículos eléctricos y térmicos sigue siendo enorme tras cinco años.

17 Haziran 2026·5 dk okuma·800 kelime

El sueño del coche eléctrico asequible sigue siendo eso: un sueño

Desde hace varios años, fabricantes, gobiernos y analistas del sector del automóvil han prometido que los vehículos eléctricos se irían abaratando progresivamente hasta equipararse en precio con los coches de combustión tradicionales. Sin embargo, un reciente estudio elaborado por Quattroruote Professional, una de las publicaciones especializadas en automoción más reputadas de Europa, lanza un jarro de agua fría sobre esa expectativa: la brecha de precio entre ambas tecnologías apenas se ha cerrado en los últimos cinco años. Los datos son reveladores y merecen un análisis detallado.

Un mercado que se ha encarecido en todos los frentes

Para entender el alcance del informe hay que partir de un hecho innegable: el mercado del automóvil en su conjunto se ha encarecido de forma significativa durante el último lustro. Los coches nuevos han subido de precio de manera sostenida, y ese encarecimiento ha arrastrado también al mercado de vehículos de ocasión, que históricamente ha funcionado como válvula de escape para los compradores con presupuesto más ajustado.

Este fenómeno no es exclusivo del sector del automóvil. La inflación generalizada, la crisis de suministro de semiconductores, los conflictos geopolíticos y las disrupciones en las cadenas de producción global han presionado al alza los precios en múltiples industrias. Pero en el caso del automóvil, hay factores adicionales que agravan la situación.

El impacto del reglamento GSR2 de la Unión Europea

Uno de los elementos más determinantes en el encarecimiento de los vehículos nuevos ha sido la entrada en vigor de nuevas exigencias de seguridad derivadas del reglamento GSR2 de la Unión Europea. Esta normativa obliga a todos los fabricantes que deseen comercializar sus modelos en el mercado europeo a incorporar una serie de sistemas de seguridad avanzados de manera obligatoria.

Entre estos sistemas se encuentran el asistente de velocidad inteligente, el detector de somnolencia al volante, la cámara de marcha atrás, los sistemas de frenada de emergencia autónoma y muchos otros dispositivos que, aunque indudablemente mejoran la seguridad vial, añaden coste a cada unidad producida. Ese sobrecoste, inevitablemente, se traslada al precio final que paga el consumidor en el concesionario.

Esta carga regulatoria afecta tanto a los coches de combustión como a los eléctricos, pero su impacto porcentual varía según el segmento y la tecnología, lo que influye directamente en la evolución de la brecha de precio entre ambas opciones.

La relación entre salarios e inflación: el gran desequilibrio

Más allá del precio nominal de los vehículos, el estudio de Quattroruote Professional pone el foco en algo que los ciudadanos ya perciben en su vida cotidiana: los salarios no han crecido al mismo ritmo que la inflación. Esto significa que, en términos de poder adquisitivo real, los coches son hoy más inaccesibles que hace cinco años para una parte importante de la población europea.

Esta situación hace que la percepción del precio de un coche sea, como señala el propio informe, más engañosa que nunca. Puede que el precio de lista de un modelo eléctrico haya bajado algunos miles de euros en comparación con su equivalente de hace un lustro, pero si el comprador dispone de menos renta real disponible, ese descenso nominal no se traduce en una mejora real de la accesibilidad.

¿Por qué la brecha entre eléctrico y combustión no se cierra?

El análisis comparativo entre la evolución de precios de los coches con motor de combustión interna y los 100% eléctricos es el corazón del estudio. Y el resultado es contundente: a pesar de todos los avances tecnológicos, las economías de escala en la producción de baterías y los esfuerzos de los fabricantes, la diferencia de precio entre ambas tecnologías se mantiene en niveles muy similares a los de hace cinco años.

Las razones son múltiples:

  • El coste de las baterías, aunque ha descendido globalmente, sigue representando una parte muy significativa del precio total de un vehículo eléctrico. La reducción de costes en este componente no ha sido tan rápida como muchos analistas predijeron.
  • El incremento en la sofisticación tecnológica de los modelos eléctricos. A medida que los fabricantes añaden mayores rangos de autonomía, carga más rápida y sistemas de gestión energética más avanzados, el precio sube en paralelo.
  • La estrategia de posicionamiento de las marcas. Muchos fabricantes han optado por situar sus modelos eléctricos en segmentos premium, aprovechando la percepción de modernidad y exclusividad para mantener márgenes elevados.
  • Los incentivos fiscales y ayudas públicas, que en muchos países han servido para disimular artificialmente la brecha de precio real, pero cuya retirada progresiva vuelve a exponer la diferencia estructural entre tecnologías.

Las consecuencias para el mercado de ocasión

El encarecimiento del mercado de coches nuevos tiene un efecto directo sobre el mercado de segunda mano. Cuando los precios de los vehículos nuevos suben, los coches de ocasión se revalorizan porque muchos compradores, incapaces de acceder al mercado nuevo, se vuelcan sobre la oferta de segunda mano, incrementando la demanda y, con ella, los precios. Este fenómeno se ha producido con especial intensidad durante los últimos años y afecta tanto a modelos de combustión como a eléctricos.

En el caso de los eléctricos de ocasión, la situación es aún más compleja. La incertidumbre sobre la degradación de las baterías, la evolución de las normativas de acceso a ciudades y la velocidad de obsolescencia tecnológica hacen que su valor residual sea difícil de calcular, lo que genera desconfianza entre los compradores y presiona los precios en distintas direcciones según el modelo y la antigüedad.

¿Qué podemos esperar en los próximos años?

El estudio de Quattroruote Professional no solo describe la situación actual, sino que invita a reflexionar sobre el futuro inmediato del mercado. La llegada de fabricantes chinos con modelos eléctricos a precios notablemente más bajos está comenzando a presionar a la baja los precios en Europa, aunque las barreras arancelarias impuestas por la Unión Europea frenan parcialmente ese impacto.

Por otro lado, la evolución de la tecnología de baterías de estado sólido podría cambiar significativamente el panorama a medio plazo, reduciendo costes de fabricación y mejorando la autonomía y la seguridad. Sin embargo, su llegada masiva al mercado todavía parece estar a varios años de distancia.

En definitiva, el informe de Quattroruote Professional nos recuerda que la transición energética en el automóvil es un proceso más lento y complejo de lo que muchos quisieran. La brecha de precio entre el coche eléctrico y el de combustión sigue siendo una barrera real para millones de conductores europeos, y cerrarla requiere algo más que promesas: necesita soluciones concretas, políticas industriales coherentes y, sobre todo, tiempo.

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